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jueves, 15 de diciembre de 2016

“El acuerdo nuclear con Irán o el peligro de jugar con átomos.”


“Notas desde Londres”
Por Cinzia De Santis


“El acuerdo nuclear con Irán o el peligro de jugar con átomos.”

Desde la victoria de Trump, el mundo ha estado en vilo esperando los nombramientos de su gabinete ejecutivo. Es cierto que el ahora Presidente Norteamericano ha bajado el tono y algunas de las designaciones más controversiales, como Stephen Bannon, como Jefe de Estrategia, han sido balanceados por otras más convencionales, como Reince Preibus, como Jefe de Estado Mayor. Sin embargo, algunas de sus declaraciones siguen preocupando. Una de ellas es su reiterada oposición al acuerdo nuclear con Irán. El señor Trump parece estar decidido a deshacer el esfuerzo de su predecesor y, de ser así, estaría cometiendo un grave error.

El acuerdo histórico entre Irán y el grupo de los P5+1 (China, Francia, Rusia, el Reino Unido, los Estados Unidos más Alemania) fue uno de los desafíos diplomáticos más espinosos del siglo 21. Los obstáculos a superar eran no sólo de carácter técnico, sino y sobre todo, políticos. Factores internos en Irán y en Estados Unidos se oponían al acuerdo. Los países árabes levantaron sus voces de manera altisonante en contra del mismo. Por primera vez en la historia, un líder de otro país tuvo la desfachatez de criticar en el mismo Congreso al presidente de los Estados Unidos, como ocurrió cuando Netanyahu, el Premier de Israel, cuando atacó a Obama y el acuerdo nuclear. El miedo al movimiento sísmico que sufriría el medio oriente hizo dudar a muchos. Pero al final, gracias al trabajo loable de los técnicos involucrados y al empeño el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y el Ministro de Relaciones Interiores de Irán, Mohammad Zarif, el acuerdo se firmó. Por ello, ambos recibieron en Londres el prestigioso premio Chatham House otorgado por la reina Isabel II de Inglaterra a personajes o instituciones que contribuyen a la mejora de las relaciones internacionales.

¿Es tan peligroso Irán? En abril de este año tuvimos la oportunidad de pasar 3 semanas allí. Un país aislado del mundo occidental desde la revolución de los ayatolas en 1979, tiene una historia impresionante y se puede considerar el primer gran imperio que conoció el planeta. El recorrido nos llevó desde la ciudad de Shiraz hasta Teherán, pasando por las ruinas de Persépolis y Pasagardae, testigos de la grandeza de la dinastía de los aqueménides y en particular de Ciro El Grande, que, por ironías de la historia, es considerado en la Biblia como uno de los grandes benefactores de los judíos. 

Irán resultó ser un país fascinante no sólo por la complejidad y riqueza de su cultura, sino por sus contradicciones. En los museos, en los lugares históricos y turísticos, el rostro adusto e intimidante del ayatola Khamenei recordaba a los visitantes quién era el que mandaba en el país. En la entrada del hotel en Teherán hasta había un afiche con un mensaje abiertamente hostil hacia los extranjeros. Sin embargo, nuestro contacto con los iraníes de la calle resultó ser muy distinto. Hombres, mujeres y niños nos saludaban con un sonriente: “Welcome, welcome!”. Los que masticaban algo de inglés nos preguntaban de dónde veníamos y nos daban la bienvenida a su país. 

El episodio que mejor ilustra la verdadera naturaleza de los iraníes ocurrió un día en la estupenda ciudad de Isfahán mientras visitábamos el cementerio de los caídos durante la guerra entre Irak e Irán. Una mujer con su chador, cubierta de pies a cabeza, se acercó a nuestra guía, Afi, y le entregó una bolsa con helados. La mujer no hablaba ni una palabra de inglés. Afi nos explicó que era usanza en los cementerios regalar comida a los demás visitantes. La mujer nos vio a lo lejos, pero se le habían acabado los dulces que había preparado para la ocasión y fue a comprar unos helados para nosotros. Ese gesto tan generoso, en un lugar tan significativo, derribó todas las suspicacias culturales y religiosas. Una cosa son los iraníes y otra sus ayatolas. 

El pueblo sufre por el aislamiento al que está sometido y no sólo desde el punto de vista económico sino por la imagen que se tiene de ellos. Los iraníes —dicho por ellos mismos— quieren abrirse al mundo, quieren conocer y darse a conocer por lo que son y no por lo que se cuenta de ellos o por lo que dicen sus líderes religiosos. Sin duda, Irán tiene una política de derechos humanos desdeñable. Su apoyo a Hezbollah y al régimen de Siria es inaceptable, pero no es cerrando los canales diplomáticos que el país va a cambiar sus políticas en estos ámbitos.

En la ceremonia de entrega del premio Chatham House el discurso de John Kerry fue contundente e inspirador. La Diplomacia -según este Secretario de Estado- hace que el mundo sea un lugar más seguro y cada vez que se deja a un lado, la brecha en los conflictos se hace más aguda. Es por eso que desde Theresa May en el Reino Unido, hasta el Premier chino han alertado sobre el peligro de anular el acuerdo nuclear con Irán. Aunque quisiera de verdad hacerlo, Trump tendrá que convencer a los otros países signatarios. A nadie le interesa la proliferación de armas nucleares, pero si Irán se siente acorralada sin duda retomará su programa bélico. Algunos republicanos lo entienden. Por eso, señor Trump, piénselo bien antes de jugar con átomos. Puede desatar una reacción en cadena en la cual usted podría ser la primera víctima.


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