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“NO CAMBIAR, ES REPETIR” Proyecto Grifo: El ESTADO PLURAL ® 2006

miércoles, 10 de febrero de 2016

"UNA NECESIDAD NACIONAL" Por Carlos Canache Mata


"UNA NECESIDAD NACIONAL"
Carlos Canache Mata

   Pasó el carnaval, pero siguen los disfraces. Estos aprendices de dictadores que acampan en el poder desde  hace 17 años esconden sus fracasos y debilidades tras la fachada de  desplantes bravucones.

   Maduro ha abierto aspilleras en las paredes de Miraflores para disparar insultos y amenazas contra adversarios reales o imaginarios. El pasado 4 de febrero, en el acto conmemorativo  de la intentona golpista de Chávez, dijo que la AN “es una Asamblea pirata” y que no permitirá que los enemigos del pueblo lleguen al poder “ni por una vía ni por la otra, ni por las buenas ni por las malas”. En el mismo acto, agredió groseramente al empresario Lorenzo Mendoza (¿desconoce que sin la Polar la escasez alimentaria sería más dramática?) y, como si fuera un boxeador desesperado y no el ocupante de Miraflores, lo desafió así: “aquí te espero, traidor, da la cara, oligarca, bandido, ladrón”. ¿Merece permanecer en la silla presidencial quien así habla?.

   A los ojos del mundo está claro que la clave de la barbarie imperante reposa en la alianza que existe entre el Gobierno y el TSJ. Ante esa realidad ¿qué hacer? .

   La AN puede modificar la integración del TSJ si ejerce su potestad de autotutela  revocando la designación de los 13 magistrados principales y 21 suplentes que hizo el 23 de diciembre de 2015 la anterior AN, en fraude a los requisitos constitucionales y violando el procedimiento legal correspondiente. Esa designación fue un acto administrativo, no legislativo, y, como tal, revocable. Hay más: el artículo 90 del Reglamento Interior y de Debates de la AN (que tiene rango legal) faculta al Parlamento para revocar sus propias decisiones o actos viciados. Creo que, para lograr un TSJ decente, esta vía (ya utilizada por la AN chavista en dos oportunidades y con el aval de la Sala Constitucional del TSJ) es preferible a la de modificar la Ley del TSJ para aumentar el número de sus magistrados.

   Es este TSJ el que decidió la suspensión de los efectos de la proclamación de los diputados del Estado Amazonas, contrariando su propia doctrina de que “la proclamación de un candidato en un determinado cargo, no puede ser suspendida o controlada a través de una acción de amparo constitucional otorgada a favor de quien lo pretende”. Con toda razón, el Consejo Superior de la Federación de Colegios de Abogados de todo el país, ha dicho sobre esa desproclamación que “era obvio entender que mucho menos sería procedente en forma subsidiaria en una acción de nulidad y ello constituye un error grave e inexcusable” y, lo que es igualmente inaceptable, que se sustente en una grabación ilícita violatoria del artículo 48 de la Constitución, “al transformar un delito en una prueba”.


   La crisis institucional  y la crisis económico-financiera que nos tiene al borde de la cesación de pagos de la deuda externa  motivarán a la MUD para acelerar la selección de la vía constitucional que se seguirá para salir de Maduro. Esto último es una necesidad nacional.

"RENDICIÓN DE CUENTAS INEVADIBLE" Por Octavio Lepage


"RENDICIÓN DE CUENTAS INEVADIBLE"
HOJA DE RUTA POLÍTICA (No 183)
Octavio Lepage


El chavismo ha gobernado durante 17 años sin rendirle cuentas a nadie (la Asamblea Nacional presidida por Diosdado Cabello no se atrevió a pedírselas). Como los precios del petróleo se mantuvieron elevados, fueron fabulosos los ingresos del país. Según el propio Maduro, totalizan un billón ciento noventa y dos mil millones de dólares (1.192.000.000.000 $).

Ahora, cuando la oposición democrática logró el 6D mayoría holgada (112 diputados frente a 55 del oficialismo), es de responsabilidad elemental investigar cómo se gastó tan fabulosa suma.

Esa investigación no tiene propósitos retaliativos, ya que el voto popular es el castigo más efectivo. La investigación procede, es inevadible, por la magnitud del daño inferido a Venezuela, y por la magnitud de las obligaciones contraídas.

Los venezolanos somos desmemoriados, pero no tanto para no recordar las condiciones y nivel de vida antes de 1999, cuando Chávez asumió el poder porque la democracia reconoció su triunfo en las elecciones.

Esa leyenda negra, repetida con tenacidad totalitaria, de que antes se vivía muy mal, no lo cree nadie. Antes de 1999 existía obviamente la pobreza, una parte de la población vivía con estrecheces, pero nadie se veía obligado a perder buena parte de su tiempo útil en colas interminables, agotadoras frente a abastos precariamente abastecidos.

La prédica ruidosa de Chávez, ayudada por su carisma, logró confundir y engañar a un sector numeroso de la población, pero la realidad se impuso. El 6D no sólo fue una derrota a los candidatos chavistas, fue un rechazo del funesto y fracasado modelo chavista.

Demos un vistazo sobre uno de los logros del chavismo: PDVSA, nuestra gallina de los huevos de oro, tiene moquillo, la producción de crudo ha disminuido por falta de mantenimiento de los taladros; estamos obligados a importar cantidades importantes de derivados de petróleo (gasolina, gasoil, etc.) por el pésimo estado de las refinerías de Amuay y Cardón en Paraguaná; a diario afloran escándalos sobre robos espectaculares por parte de ejecutivos y contratistas de la otrora poderosa empresa petrolera.

El ejemplo del descalabro impresionante de PDVSA se repite en otros campos de la producción. La demencia expropiatoria de Chávez transformó en peladeros a 4 millones de hectáreas que estaban en plena producción. Las ciudades de Venezuela ven ahora sus zonas industriales invadidas por la maleza. Estamos obligados a importar casi todo lo que consumimos y el petróleo genera cada día menos divisas.

El panorama es realmente desolador.



Caracas, 04 de Febrero del 2016

¡Próxima parada: la sexta! por Armando Martini Pietri


¡Próxima parada: la sexta!
por Armando Martini Pietri

Inevitable, impostergable, imposible de obviar, absurdo de aplazar, ineludible no comentar e inexcusable no analizar. La quinta republica se lame las heridas causadas por ella misma y busca orientación porque está enferma y no sabe curarse, sin que sus dirigentes sean ya capaces de explicar nada. Para la ciudadanía venezolana, chavistas incluidos, la situación es como estar tumbado de espaldas bajo el peso enorme de una fiera que, a su vez, tampoco se mueve por que está asustada y herida de muerte.

Como un maltratado autobús que hace tiempo nos pareció nuevo, pero tras demasiado uso, descuidado y sin mantenimiento esta ruinoso y desvalijado, con el motor apagado porque incluso alguien se robo la batería, vamos montados embalados y sin frenos, hacia un barranco que el chofer no sabe cómo evitar y solo da golpes de volante de un lado a otro con el riesgo amenazador de un volcamiento. La verdad, años atrás el conductor de entonces le cambió el motor original –que no era gran cosa pero al menos se veía bien- por uno viejo y gastado que le vendió un reconocido estafador, y desde entonces el autobús pasa aceite, tiene los frenos largos, pistonea, y la dirección tiene un juego enorme y el varillaje se le tranca con frecuencia. Ahora va palo abajo en su rodada.

La sexta republica que todo el mundo, menos al chofer, sabe que está allí, que es inevitable, que el autobús ya no da más ni al chofer se le ocurre nada, solo ve con espanto el abismo que se nos viene encima. Los más osados empiezan a lanzarse, es preferible un buen golpe y hasta una fractura a llegar a la hondonada, el torpe chofer se va quedando solo.

En realidad, es una fuga hacia un pasado mejor. Demasiada gente siente en carne propia que la tan cacareada quinta republica es un fraude, un vehículo conducido y mantenido por incompetentes y otros que no ven al autobús como una forma de transporte a mejores lugares para todos, sino como una forma personal de escapar de su miseria, llegar a paisajes mejores y ricos para repartirse entre ellos. Pero el viejo y malusado autobús ya no da para más.

La quinta republica igual que le sucedió a la cuarta se desgastó, solo quedan restos deshilachados que ninguno quiere porque ya no sirven para nadie. Hay que cambiarla, todos lo sienten, lo perciben, lo desean, se habla cada día con mayor fuerza de cambiar para recibir la nueva republica. Pero esa cuarta república tuvo también una larga historia de crecimiento económico, social y político, le negó frontalmente el petróleo barato a Fidel Castro cuando estaba en el pináculo de su popularidad y después resistió con coraje, eficiencia y victoria militares y policiales los ataques sangrientos organizados y financiados por los hermanos Castro, en los campos y las ciudades. La cuarta república tuvo presidentes ilustres, electos en comicios como los de ahora pero sin maquinitas, captahuellas ni trampas electrónicas, presidentes y partidos que hicieron historia, a diferencia de la quinta, que utilizó las elecciones modernizadas y con sistemas y controles digitales para consolidar el poder de un solo jefe militar que no gano nunca una batalla pero, eso sí, sabía mucho de béisbol, de espectáculos y destrucción.

Nadie quiere que la sexta republica sea sólo un barranco mortal, a nadie le gustan las catástrofes. Sueñan con un puente, una transición que permita recuperar lo poco bueno que se hizo y empezar a reajustar al país, reconstruir las bases para rehacer lo que fue conducido a su peor realidad, una tragedia que ni siquiera sus provocadores alcanzaron imaginar porque –seamos sinceros- no era lo que buscaban. Su grave pecado fue la ignorancia, soñar sobre los errores que otros habían cometido antes en diversas partes con terribles consecuencias, pero ellos simplemente no lo sabían. Tampoco quisieron verlo, se dejaron seducir por el encanto y el letal esplendor de los Castro, y quedaron ciegos ante el fracaso de esos mismos responsables, que sólo generó hambre, sufrimiento, cárceles y huidas riesgosas para los cubanos, que preferían navegar entre tiburones que seguir ahogados por el castrismo brutal, tiránico y hambreador.

El disparo de partida para iniciar esa transición lo dieron millones de venezolanos el pasado diciembre. La transición ha comenzado, se enfrenta no solo a la pavorosa realidad de los ciudadanos víctimas de los errores, obscurantismo y corrupciones del régimen de Hugo Chávez que Nicolás Maduro, desnudo de popularidad, de experiencia, de fe del público en general y de la mayoría de los chavistas, no se atreve a tomar por los cuernos para cambiar la corrida, sino también a la actitud torpe, agresiva y neciamente grosera que el gobierno ha asumido, una clara demostración de que están al mismo tiempo aterrorizados, desconcertados y sin saber qué hacer. El PSUV no fue construido para tener iniciativa ni preguntar, sino para obedecer sin cuestionar, al mejor estilo militar, algo que no comulga con la mayoría de esos venezolanos que se cansaron de pasar trabajo y de soñar falsedades. La Venezuela del siglo XXI no responde ya aquella amarga premisa de Bolívar de que este país sería un cuartel, mucho menos después de diez y siete años de tosca y cómplice  participación de minorías militares en el que la mayoría ya califica de haber sido y pretender seguir siendo el peor gobierno de la historia de un país con demasiados malos gobiernos en su pasado pre democrático.

Una nada fácil transición que empieza por corregir el deterioro y la degeneración que hemos sufrido, que ha sido colosal y de magnitudes insospechadas. La descomposición social y moral es terrible. La corrupción, la impunidad, la desfachatez. El peor ejemplo es el malandraje tomando las calles para llorar a un pran, un delincuente que se tomó fotos con la ministra de cárceles y nada pasó, y de cuya fuerza todos estaban al corriente en la Isla de Margarita, la reacción con despliegue de armamentos de guerra de los presos como feroz condolencia, fue el colmo de los colmos que, angustiosamente, fue si no superado al menos igualado pocos días después cuando los delincuentes cerraron una de las más importantes ciudades del país y principalísima guarnición militar para mostrar respeto por la muerte de otro bandido.

Pero por encima de esas muestras de incapacidad del gobierno de Maduro, la realidad paralela es que la transición, aun con dificultades, saboteos y amenazas oficialistas ya emprendió, y por fin podemos sentir que estamos empezando a salir de esta congoja por el bien de nuestros hijos y nietos. Pesadilla que se va esfumando, lenta y dolorosamente, para permitirnos vislumbrar a lo lejos, pero al alcance de la mano, la sexta republica que nacerá sin dinero pero con una nueva dirigencia comprobadamente democrática y con conocimientos claros de la economía moderna.

Un buen comienzo sería reconocernos todos con nuestras diferencias y errores, con nuestros defectos y el rescate de la plena libertad de pensamientos y opinión. Con la advertencia categórica, por la salud de la sexta republica, de que nunca volveremos a permitir la impunidad porque ello sería un escollo muy grave para el nuevo comienzo.

Venezuela quiere claramente sacarse de encima un gobierno que defraudó, mintió y manipuló  haciendo creer a sus ciudadanos día tras día, mientras todo se desplomaba, que todo iba bien hasta que la verdad se impuso y no se pudo ocultar mas la realidad. Es también justo señalar y exigir actuaciones inteligentes, actuales y sinceras de una oposición sin un líder claro, prestigioso y confiable que la guie en esta tormenta que juega a intereses partidistas y personales sin importarle el malestar ciudadano, que ha logrado ganar las parlamentarias fundamentalmente por la indignación colectiva contra el oficialismo.

Así con el reconocimiento de todos por todos, la ubicación y el apoyo a los mejores independientes de su preferencia y diversa procedencia social y política, con el concurso de talentos, la oposición debe responder unida a las expectativas de la población, execrar la impunidad y la complicidad, en beneficio de la reconciliación de una sociedad ávida de mejorar su calidad de vida y el futuro para sus familias en un país que valore y respalde la honorabilidad, la fuerza de valores y principios éticos, el esfuerzo propio y el talento positivo.

Esa respuesta que esperamos es otro importantísimo aspecto de la transición, una de las razones fundamentales de su necesidad, porque es una lástima que una minoría de políticos derrochen la confianza que la mayoría aplastante de venezolanos les otorgó, en sus peleas, diatribas y cálculos, además de defender sus intereses personales, de grupos y partidos. Todos los venezolanos, los treinta y tantos millones restantes sufrimos, padecemos las penurias, sinsabores y los riesgos de esta profunda crisis social, moral, económica y política que hoy nos ataca como una plaga, una enfermedad que si no se trata y asiste con tiempo de manera inmediata, se dispersará, se pondrá crónica y ya no tendrá tratamiento ni cura. Y también morirá prematuramente la sexta republica, una muerte que el pueblo no va a aceptar.

@ArmandoMartini



viernes, 5 de febrero de 2016

“A 24 años del 4F…” Por Alfredo Alejandro Cabrera


“A 24 años del 4F…” 
Por Alfredo Alejandro Cabrera

La Fuerza Armada Nacional de Venezuela, la F.A.N. (si, sin la B), fue en un momento un sinónimo de orgullo para los venezolanos. Hubo un tiempo en el que tomar el camino del guerrero no solo no era mal visto, sino incluso era algo honroso para las familias. De nuestra intervención en El Salvador hasta el muro de contención contra la guerrilla y el contrabando, pasando por nuestra breve crisis de Caldas, los castros venezolanos eran merecedores de respeto.
Desde su nacimiento en 1911, nuestras fuerzas armadas regulares, enterrando el pasado de las tumultuosas montoneras, se abrieron paso en la pugna por la institucionalidad. Al servicio de Gómez primero, más no a su capricho, y luego manteniendo los regímenes andinos hasta el 18 de octubre de 1945.
A partir de ahí nuestra política entra en un agitado ciclo de golpes de estado e insurrecciones militares. Para citar los más relevantes, el 24 de octubre de 1948 le costó el poder a Rómulo Gallegos, y el 23 de enero de 1958, a Marcos Pérez Jiménez. El 19 de abril de 1960 y el 4 de mayo de 1962 asediaron al fundador de la democracia, Rómulo Betancourt y finalmente, veintiocho días después, un 2 de junio de 1962, con trescientos muertos, cerramos por treinta años ese oscuro capítulo de nuestra historia.
Los gobiernos democráticos de la república civil (1958-19998) lucharon por someter la vena rebelde de nuestros soldados y los transformaron en amparo de nuestra constitución. Los militares se convirtieron en el sostén de nuestras instituciones y en la garantía de nuestra integridad política y territorial.
Un funesto mes de febrero de 1992, justo se cumplen veinticuatro años, un movimiento nacería en un parto violento que cobro otros tantos centenares de muertos. Presos sus líderes, inspiraron a otros que meses después seguirían su ejemplo. Y apenas seis años después, por vía política y con el aval de un sistema democrático, el movimiento del 4F llegó al poder.
Nuestra vida política sufrió una transformación radical e inexorable, administrada conscientemente durante diecisiete años, pero impuesta, al fin y al cabo. Las F.A.N. fueron sometidas al proyecto bolivariano, y tuvieron que honrar a otros héroes. El movimiento inicio un cambio de timón en nuestro componente militar.
Los avances de casi un siglo de institucionalización fueron prácticamente erradicados. La Fuerza Armada dejó de ser una instancia apolítica y no beligerante para convertirse en el brazo armado del partido de gobierno. Dejaron de respaldar instituciones para adorar a un líder magno.
Pese a que la concepción de unos militares, de cualquier ser humano de hecho, completamente apolíticos es producto de nuestra propia inmadurez política, es imperdonable que se haya doblegado a las F.A.N. a una ideología. De árbitros imparciales pasaron ser jueces y partes en juicio sin sentido.
Las montoneras modernas están en los cuarteles y las guerras civiles en los medios de comunicación. Un nuevo caudillo surgió de entre las cenizas del atraso y nos trasladó a una versión distorsionada del siglo XIX. Y la integridad, el honor y el patriotismo real, sin chauvinismos, fueron los hijos de este Cronos criollo.
Como decía antes, un militar es una persona y más aún un ciudadano. Los romanos mismos no exigían que los militares se desentendieran de la política, pues todo romano tenía derecho a participar. Nunca debió limitarse su derecho al voto, ni su inalienable identidad política. Pero debimos enfocar nuestros esfuerzos en educar a nuestros soldados.
Es menester establecer un Rubicón cultural, que exija a los militares activos colgar el uniforme para entrar activamente en la política. Y hacerle entender a los efectivos de la F.A.N. que el cumplimiento de su deber trasciende cualquier partidismo o tendencia, y que sirven a todos y cada uno de los venezolanos.
Debemos exaltar el valor de la institucionalidad como el valor supremo de los hombres y mujeres que están llamados a la defensa de nuestra república. El único punto que comparto con los de aquel febrero, es que es la hora de que exista una unión cívico militar. ¿Pero que entendemos por cívico militar?
La misma distinción es parte fundamental del problema. ¿No es, acaso, todo venezolano nacido del lago al delta, una vez alcanzada la mayoría de edad, un ciudadano? ¿Existe una distinción entre ciudadanos porque algunos se dediquen a las armas u otros al derecho? Entonces, ¿no somos todos civiles? Pues si nos guiamos por la R.A.E. (2016), todo ciudadano es civil.
Todos somos venezolanos, y como tal, tenemos los mismos derechos y deberes. Y debe ser nuestra prioridad la de la defensa máxima de nuestros intereses, nuestra república y nuestra democracia, privando la institución sobre el caudillo y el todo sobre la parte. Tengo el anhelo profundo, como joven, como ciudadano, como venezolano, que retomemos el camino del entendimiento, de la igualdad, y sobre todo, de la institucionalidad, para que nunca más un febrero pueda sangrar a la nación…

Alfredo Alejandro Cabrera

miércoles, 3 de febrero de 2016

"BERRINCHE OBSTRUCCIONISTA" Por Octavio Lepage


"BERRINCHE OBSTRUCCIONISTA"
HOJA DE RUTA POLÍTICA (No 181)
Octavio Lepage


Los del gobierno tienen armado un escándalo mayúsculo ante la iniciativa de la mayoría parlamentaria (112 a 55 diputados) de presentar en la Asamblea Nacional un proyecto de ley que obliga a darles documento de propiedad a los ocupantes de apartamentos de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Llama la atención que junto con la llave el gobierno no hubiese entregado a los beneficiarios el documento de propiedad sin el cual permanecen como simples ocupantes, susceptibles de desalojo en cualquier momento. No pudo haber sido por descuido ni por olvido. La razón para no haberlo hecho se puso en evidencia cuando Maduro, con su característica sutileza, los amenazó con echarlos de los apartamentos si no votaban por los candidatos oficialistas el 6D.

Esta es la causa del berrinche que tienen armado para sabotear el proyecto de ley de la aplaudida política de construcción de viviendas populares, para beneficio de los compatriotas de bajos recursos. Lejos de indignarse, de protestar ruidosamente, los del gobierno deberían estar agradecidos.

El berrinche avivó mi memoria, rememoré aquella escena por TV en la que al hoy diputado Héctor Rodríguez, entonces ministro, se le fue la lengua y dijo que era necesario mejorar el nivel de vida de los pobres pero no mucho, pues se convertirían en “escuálidos”. Trató de remendar el capote, pero no pudo, estaba dicho y grabado.

La indignación del gobierno es porque los beneficiarios de la Misión Vivienda no van a continuar sometidos al chantaje político y electoral, la nueva ley los independiza.

El combate de esta ley tan beneficiosa para los desamparados consume el tiempo que el gobierno debería dedicar a encarar y tratar de buscarle solución a tantos problemas que afectan duramente a los venezolanos. En días recientes asistí a la cremación de la esposa de un amigo, que murió de mengua por no haber conseguido los medicamentos requeridos  (un caso de Guillain-Barré).

En fin, al cabo de 17 años de revolución chavista Venezuela está en la ruina, agravada por la tortura de soportar a un gobierno irresponsable, inepto, ladrón que no se atreve a aplicar las medidas económicas requeridas para salir de la crisis.

La incógnita hay que despejarla. La pasividad resignada no se justifica mientras el país se desliza por el precipicio. Es la hora de tomar decisiones heroicas y aplicarlas sin vacilación.



Caracas, 02 de Febrero del 2016

"NICOLÁS ESTA EN LO CIERTO" Por Pedro Roberto Ruiz H.


"NICOLÁS ESTA EN LO CIERTO" 

Por Pedro Roberto Ruiz H.

Durante la semana del 24 de enero hasta el 30 del mismo mes, una pugna legislativa se ha desarrollado bajo la propuesta de la ley de propiedad de los espacios habitacionales de la misión Gran Vivienda Venezuela (GMVV). El gobierno por su parte, no recomienda la entrega de títulos de propiedad sobre esos espacios; la propuesta de los diputados de la Unidad, pero agrupados en el partido Primero Justicia es: entregarles el título. Ahora bien, es Justicia entregar esos títulos?
A primera vista parece ser SI; mas solo con detenerse un segundo y analizar fríamente la propuesta, debe ser NO.

La GMVV fue y es ejecutada bajo irresponsabilidad de tipo: social, ambiental, económica, nacionalista y populista, que gobierno alguno en su existencia, pudo haber soñado.

Más allá; ha sido construida sobre lotes de terreno expropiados al sector público y al sector privado. No guarda normas mínimas de urbanidad ni respeta ordenanzas, vialidad ni disposición de servicios. Edificada sin proyecto homologado por ingeniería civil; Simplemente fue una malacrianza con caprichos de igualdad "parejera".

¿Quienes ocupan esos espacios? ¿Son familias reales, son venezolanos de trabajo, están en condiciones socio-económicas para recibirlas, han recibido la suficiente preparación vecinal para ocuparlas? Y sobre todo, ¿cumplen el requisito de habitabilidad emitido por los Bomberos?.

Dirigentes de Primero Justicia; están concientes que quienes pagamos impuesto (ISLR), (IVA) (patente de industria y comercio), sabemos que esos recursos de manera oprobiosa e irresponsable el gobierno los ha usado para construir esos ranchos verticales y además enriquecer las neo-mafias bolivarianas de la intermediación ferretera. Que al lado y frente a las urbanizaciones desarrolladas co n capital privado y que pagamos el costo financiero bancario para el momento, nos la ubicaron a lo "macho" y ustedes Justicieros, quieren terminar la obra entregándoles el cheque al portador.
Ahora: ¿es una estrategia de NEO-POPULISMO JUSTICIERO consolidar tremenda estafa.?
Están equivocados...Maduro tiene razón.
Por cierto, ni se les ocurra apoyar el aumento de la gasolina porque esta barata; recuerda que su compromiso fue investigar y revelar cuanto combustible se ha regalado, dado y enriquecido a ciertos países y sectores sociales gubernamentales y además; en un país sin vías de comunicación y colas de tráfico, donde en una autopista no transitas 10 kilómetros sin que al menos 15 motociclistas te abusen, y especialmente en una demagogia chavista que entrega GMVV con su casa bien equipada, misión abuelos, niña preñada y muchacho preso, un taxi para que te cobre el traslado como precio de Concor y de paso le llevan la bolsa solidaria a su vivienda sin siquiera decir gracias, es irresponsable aceptar cualquier cambio en el precio del combustible hasta que se aclaren los conceptos sociales y hechos. Los que votamos por un mejor país el 6D, seguimos pagando impuesto y esperanzados.

La gasolina; al menos es lo único que recibimos del país y ese sector de venezolanos votamos contra el populismo y la compra-venta de votos.

Pedro Roberto Ruiz H
@ganandoeleccion

"UNA SITUACIÓN LÍMITE" Por Carlos Canache Mata


"UNA SITUACIÓN LÍMITE" 
Por Carlos Canache Mata

   El gobierno se está atrincherando en el TSJ para obstaculizar y contrarrestar las decisiones y leyes que apruebe la nueva AN. El viernes pasado, en el acto de apertura del año judicial, resonaron otra vez  en el recinto del máximo tribunal los gritos de “revolución, revolución” y “viva Chávez”. Señal ostensible de que las togas ya tienen posiciones tomadas y están dispuestas a postrarse a los pies del oficialismo.

   En un verdadero Estado de Derecho, el parlamento legisla, los jueces interpretan la  ley y el Ejecutivo la hace cumplir. Esa interacción entre los poderes está actualmente dislocada en Venezuela. Es cierto que el artículo 335 de la Constitución establece que el TSJ es “el máximo y último intérprete” de la Constitución, pero eso no lo convierte en fortín desde donde se pueden disparar sentencias amañadas para debilitar o invalidar lo que decida y los instrumentos legales que legítimamente sancione la AN. La presidenta del TSJ dijo en su discurso que “el TSJ tiene plena facultad para revisar los actos de los demás órganos de rango constitucional”, lo que es verdad, pero esa revisión debe estar a salvo de del alegato de falsas inconstitucionalidades. De lo contrario, habría una dictadura judicial por mampuesto.

   El señor Maduro, desde su conuco mental, al hablar en el citado acto, anticipó que en “breve”  habrá nuevos “choques” con la AN controlada por la oposición, exhortando a “preparémonos para esas batallas”. Seguramente se refería, entre otras cuestiones pendientes, a la Ley de Otorgamiento de Títulos de Propiedad a Beneficiarios de la Gran Misión Vivienda Venezuela, ya aprobada en primera discusión por la AN, y a la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional que entrará a la consideración parlamentaria en los próximos días. Con respecto a la primera, ya hizo, como un agitador cualquiera, un llamado “a la calle, a la calle, rebelión, rebelión, frente a la burguesía, rebelión y punto”. Y de la segunda, ha dicho que jamás la firmaría.

   Si el plan del gobierno es bloquear el funcionamiento de la AN convirtiéndola en un objeto de adorno, razón tiene el presidente de ésta, Henry Ramos Allup, cuando dice que “no nos vamos a inhibir del cumplimiento de nuestras funciones constitucionales porque un tribunal, que dentro y fuera de Venezuela está perfectamente bien reputado como un apéndice del Ejecutivo, vaya a hacer ilusorias las funciones de esta asamblea electa por el sufragio popular”.

   Porque hay una tragedia institucional y porque la crisis económica ha adquirido dimensiones de catástrofe (la dramática escasez de alimentos y de medicinas es sólo uno de los rostros que vemos) es que se justifica, con el gozo nacional, la decisión de la oposición democrática de recurrir a una de las varias vías constitucionales que nos llevará prontamente al cese del régimen actual y su sustitución por otro soberanamente elegido por el voto del pueblo venezolano.


   Cuando se vive una situación límite, las decisiones tienen carácter existencial.