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martes, 20 de octubre de 2015

LOS TRAMPOSOS QUE NOS GOBIERNAN


LOS TRAMPOSOS QUE NOS GOBIERNAN
Carlos Canache Mata

   En 1977 apareció un libro titulado “Aquellos enfermos que nos gobiernan”, cuyos autores son Pierre Accoce y Pierre Rentchnick. Allí se hacen consideraciones sobre cómo han influido las enfermedades, conocidas o no, en gobernantes que han tomado decisiones trascendentales en el curso de la historia. La obra tiene como preámbulo una cita de Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, quien señala que “estos seres han ejercido una influencia incalculable sobre su época”, beneficiosa o perjudicial, porque en él conviven la parte intacta de su personalidad y sus anomalías.

   Ahora, en Venezuela se pudiera escribir un libro sobre estos gobernantes tramposos que han ocupado el poder desde 1999. Si bien es cierto que varios psiquiatras diagnosticaron a Hugo Chávez como un psicópata, lo que más destaca en el perfil de su personalidad es la tendencia al engaño y a las trampas políticas que le permitieron morir en el poder, y hay sospechas de que lo haya ejercido hasta después de su muerte, ya que ésta habría ocurrido antes de que fuera declarada oficialmente el 5 de marzo de 2013.

   Sus herederos, que están disfrutando del poder gracias a la trampa electoral del 14 de abril de hace poco más de dos años, están proponiendo a la oposición democrática un pacto o acuerdo en el que, entre otras disposiciones, se exige “respetar sin condiciones los resultados emitidos a través de los boletines oficiales del CNE”. Pedir que de antemano se certifique la legitimidad de unos resultados electorales que ofrezca un organismo tan cuestionado, nacional e internacionalmente, como el CNE, es como si se le pidiera a un competidor cualquiera que acepte tranquilamente, sin derecho a la protesta, el dictamen de un árbitro comprometido con la otra parte.

   La oposición democrática, representada por la MUD, resguardando su dignidad y el respeto que  le debe a la expresión electoral de la soberanía nacional, se ha negado a caer en la trampa que se le quiere tender, y ha contrapropuesto un Anteproyecto de Acuerdo para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, en el que, muy especialmente, se solicita “permitir y garantizar un amplio y diverso grupo de Observadores Internacionales proveniente de distintos entes y organizaciones internacionales reconocidas, como mecanismo adicional de evaluación neutral e independiente del proceso electoral”, además de requerir el acceso paritario a los medios que son objeto de la hegemonía comunicacional oficialista, la regulación de las cadenas de radio y TV que el ocupante de Miraflores aprovecha a diario para insultar a quienes lo adversan, la no utilización de los recursos públicos y otras acciones ilícitas y ventajistas durante la campaña electoral, y, lo que es no menos importante, el cese de la feroz persecución política y judicial desatada en todo el país.


   ¿No es eso lo menos que puede pedirse ante la felonía de un gobierno que llama a un acuerdo y a la vez su jefe (aparentemente nominal) proclama que hay que ganar las elecciones “sea como sea”?.



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