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lunes, 28 de noviembre de 2016

¡Fidel muere, Raúl vive, la tiranía sigue! por Armando Martini Pietri


¡Fidel muere, Raúl vive, la tiranía sigue! 
por Armando Martini Pietri

Murió Fidel, esta es la definitiva, las consecuencias están por verse, pasara un tiempo y los efectos comenzaran a develarse. Sin embargo, la influencia del castrismo ha sido profunda, paradójica y duradera en muchos países, muy especial en Venezuela, no sólo durante el castro-chavo-madurismo, letal tradición que ha sido ignorada por políticos, analistas e historiadores, que no recuerdan o vivieron los años fundacionales de la democracia.

No se tuvo el valor ni la honradez intelectual para denunciar con claridad, transparencia y contundencia al castrismo como lo que es, la devastación moral y económica de dos o más generaciones. Nunca sospechamos ni pudimos imaginar en las peores pesadillas que tendríamos que enfrentar, en esta época, a un mamarracho vetusto, antiguo, añejo y caduco, como el comunismo. Mucho menos que esa calamidad y desgracia se convertiría en inspirador generador y controlador del venezolano.

Señalar que el castrismo es lo único concluyente en la debacle de nuestra democracia, sería impreciso e incorrecto. Pero sin la menor duda es un aspecto importante a tomar en consideración y más ahora,  cuando las nuevas generaciones han comprendido tardíamente, que la izquierda se apodera de Venezuela con su herencia de miseria, servilismo espiritual, degradación de principios éticos, delirio político y estatismo tramposo y pandillero. No ha sido casualidad es un programa cuidadosamente elaborado y concebido en La Habana con el entusiasmo tan ignorante como apasionado de Hugo Chávez, seducido por Fidel, y Nicolás Maduro, el obediente impuesto por Raúl Castro.

Nuestra democracia contemporánea nació en conflicto con el régimen cubano y en esa misma medida está muriendo. A lo que Rómulo Betancourt y Rafael Caldera enfrentaron, con posiciones firmes y armas en la mano cuando hubo que empuñarlas, ahora se recibe con satisfacción y complicidad por un oficialismo que traiciona las más hondas tradiciones de tiempos. Por eso mismo, porque la democracia es una profundidad venezolana, habrá de resurgir.

En este momento ninguno puede garantizar cuándo, ni cómo, pero sí se sabe por qué: fuimos abanderados en el continente en disfrutar y conocer las bondades de una democracia, y ésa cultura ha sido y será determinante para volver a derrotar al castrismo, una vez más -recordemos aquel evento conocido como la invasión de Machurucuto-, y para siempre.
  
Comentar que murió un gran hombre, observar la comparsa de elogios convenientes y politiqueros, aguantar las falsedades asquerosas de los devotos del opresor caribeño, al apreciarlo de gran líder porque fue políticamente astuto, audaz, es lo mismo que decirlo de Stalin, Hitler, Mussolini y Mao, sólo para nombrar unos pocos que llevaron la miseria, destrucción y odio a sus pueblos. Fueron errores garrafales y sangrientos de la historia, que aun al pasar de los años, la humanidad sigue pagando. Parece una deuda eterna, pero nada es para siempre. Los traspiés dejaron secuelas terribles, pero murieron. Igual que Fidel Castro.

Aunque a veces no parezca, de la justicia divina y la muerte nadie tiene salvación. No importa cuán poderoso seas o creas ser, siempre tendrás que dar la cara y rendir cuenta ante Dios. Algunos tienen la suerte de no ser juzgados en la tierra por sus crímenes, abusos y desafueros, pero ante Dios no tienen amparo. Tarde o temprano pagaran.

Son muchas las reacciones por la muerte del caballo, unos lloran y otros celebran. Sin embargo, son muchos los que lo admiraron existe constancia escrita y grabada para la historia, que hoy se agazapan no hablan ni se atreven a mencionarlo. En Venezuela son muchas las evidencias de distinguidas y variadas personalidades, próceres, que daban la bienvenida entusiasta a ese criminal, torturador y carcelero. Se conoce como diplomacia cómplice.

Si algo mantenía cohibido a Raúl era su hermano mayor, si su muerte hubiese ocurrido hace una año ya Cuba seria libre; pero ocurrió justo en la transición Obama y lo que ofrece Trump, quien probablemente deberá repensar las relaciones con Cuba. El Congreso republicano y Washington levantarán más pronto que tarde el embargo que por décadas sostuvo. La única razón para mantenerlo era la presencia física de Fidel y ya no está, para nunca más volver, afortunadamente para el mundo y en especial para los cubanos.

El legado del tirano inmoral y sin piedad, que extendió su vida luchando contra el capitalismo se extingue, no sin ironía, un “Black Friday”, el a veces duro sentido del humor de la vida. La frase del año fue difundida rápida y terminante por Donald Trump: “Fidel Castro is dead!” para luego rematar: “Hoy, el mundo marca la muerte de un brutal dictador que oprimió a su propio pueblo durante casi seis décadas. El legado de Fidel Castro es de escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales.”

No se celebra la muerte de un ser humano, sin embargo entra una frescura cuando fallece un cretino e inhumano dictador, así como sucedió la de muchos otros tan desalmados y nefastos. Tampoco importa cuando expira la vida de alguien que arruinó y perjudicó de manera consciente y deliberada, a generaciones de buenos ciudadanos cubanos, que además, pretendió con desvergüenza hacerlo con otros. Que el mundo observe y sienta el desprecio generalizado de los pueblos, hacia quienes laceraron a sus semejantes.

No hay que creer tonterías ni cometer el error de la inocencia, Raúl Castro era el ejecutor del comandante Fidel y puede sentirse ahora menos atado, pero sigue siendo tan opresor, indigno, violador de los derechos humanos y represor como su hermano; ¡cuidado y no lo es más! Sólo que le ha tocado vivir tiempos diferentes, una vejez con más salud, la cual aprovecha para blindar su herencia y riqueza.

Tal vez piense, como en un tiempo caviló el también dictador generalísimo Francisco Franco, en dejarlo todo “atado y bien atado”. Pero esos nudos fueron desatados, no lo olvidemos.


@ArmandoMartini

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